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Señor de la Ascensión de Cachuy - Hermandad Central

La Verdadera Penitencia

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La conversión requiere penitencia Todo el Evangelio nos revela que el mensaje de Cristo es una llamada a la conversión profunda del corazón, a tal punto que la palabra corazón aparece en ellos 159 veces. La conversión es el cambio total de los movimientos interiores del corazón, del centrarse en el "yo" a centrarse en Dios, y con Dios, ir hacia los demás.

 

Esta conversión requiere todo un estilo de vida penitencial, un estilo de vida de olvido y renuncia de si mismo, para dirigir todas las potencias internas y externas hacia Dios. El valor de la penitencia está en que nos lleva a la conversión. No solo nos convertirnos del pecado sino que nos movemos hacia Dios y su vida.

No hay conversión profunda sin penitencia. Del egoísmo al amor Muchas personas no se atreven a abrazar el espíritu de penitencia, porque tienen la falsa percepción de que tendrían que imponerse constantes y grandes sufrimientos. Sin embargo, la realidad es que la penitencia es un medio importantísimo para entregar el corazón a Dios y alcanzar comunión con El.

 

 La penitencia es el camino que nos libera de nosotros mismos y nos dirige hacia Dios. Por esto es tan necesaria la penitencia para la conversión. A través de ella se da la espalda al egoísmo y egocentrismo y se dirigen todas nuestras potencias a Dios y al bien común. La virtud de la penitencia nos lleva a trabajar para eliminar de nuestra vida todo aquello que nos separa del amor de Dios y del amor al prójimo. No es un sentimiento ni una experiencia emocional, sino mas bien un acto de la voluntad. La contrición La verdadera penitencia desarrolla la contrición autentica, que no es solo un sentido de culpa sino un dolor profundo de habernos separado del amor de Dios.

 

 La verdadera contrición es amor mas que miedo. 1 Juan 4,18: "El amor perfecto expulsa el temor". El temor de Dios es el dolor de ofender al Amor, de despreciar su gracia, de apartarnos de su Corazón. El miedo es una reacción carnal que no es inspirada en el amor. El temor de Dios es signo de amor, pero el miedo es la ausencia de él. Uno lleva a la esperanza y el otro a la desesperación. La penitencia externa e interior

 

Muchos confunden la penitencia exclusivamente con actos externos de expiación, sin embargo es toda una actitud interior. Quien ha caído en la gula, deseará hacer un acto de negación contra este pecado reparando con el ayuno. Este es un ejemplo de penitencia para vencer el pecado procedente de apetitos particulares. Esta penitencia tomará diferentes formas según sea necesario. Pero la penitencia es mucho mas: es una actitud interior de negación a si mismo, de no pensar primero en si mismo sino en la voluntad de Dios y en el bien de los demás.

 

La mas valiosa y perfecta penitencia es el ceder la voluntad y toda la vida a Dios: en todo momento, en las dificultades, en las situaciones específicas, mantener una actitud de entrega total y de docilidad a su voluntad. O sea, entregar el corazón, la voluntad. No es fácil, nos cuesta mas entregar el corazón que nuestros vestidos, que el chocolate, que el dormir... Por ello, Joel 2 nos dice: "desgarrad vuestro corazón no vuestros vestidos". La penitencia que se limita a lo externo no llega a revelar la plenitud de su naturaleza: la conversión de los movimientos interiores del corazón. El profeta Joel utiliza un verbo fuerte "desgarrad", por que pasar de tener un corazón de piedra (soberbio, egoísta, cómodo, envidioso, prepotente, etc.) a un corazón de carne (manso, humilde, caritativo, olvidado de sí, generoso, etc.) requiere un verdadero desgarramiento, un desmoronarle para que el Señor lo vuelva a hacer de nuevo.

 

 

 La meta de la penitencia es la conversión a Dios. Su raíz es el amor, su motivo es el amor y no la austeridad por si misma. La austeridad puede ser un signo visible del espíritu de penitencia, pero no necesariamente un signo seguro. Los signos infalibles del espíritu de penitencia son: la humildad y la caridad. No son los actos externos los signos infalibles de la santidad, sino la virtud. Los externos deben ser reflejo de la virtud interior.

 

 No son suficiente las prácticas Uno de los errores comunes en la experiencia de la penitencia es limitarse a hacer un plan de prácticas penitenciales y pensar que con ello se llegó a la meta. Estas prácticas son necesarias, pero no son el fin, sino los medios. El alma penitencial no lo es en ocasiones, sino siempre y en cada momento, respondiendo con generosidad y abnegación a cada situación que se le presente, dejando al ES dirigirle , Juan 3,8 "el viento sopla por donde quiere y oyes su voz" Las prácticas penitenciales ayudan a desarrollar el espíritu penitencial, pero este espíritu no se reduce a una práctica sino que es una forma de vida en obediencia y dependencia de Dios. "El que quiera seguirme que se niegue a si mismo..". "No hay amor mas grande que el que da la vida". ¿Podrá llegarse a entregar la vida, si no se entregan los deseos mas pequeños, los gustos mas insignificantes, las comodidades mas superficiales? La respuesta es clara: No. Es muy difícil dar un gran "si", si no se ha construido a diario con los pequeños "si", una vida de generosidad y abnegación. La entrega total del corazón

 

La mayor renuncia es la entrega total del corazón, de la voluntad, de los deseos, de los planes, de la vida... ¿De que sirve ayunar si no se entrega el corazón? El ayuno debe llevarnos a la pobreza interior: la conversión del corazón. El espíritu de penitencia es mas que decir: "te doy esto o aquello". Es mas bien entregarlo todo voluntariamente. "Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida..nadie me la quita, yo la doy voluntariamente" Cf.Juan 10,17-18. La penitencia promueve el desprendimiento, y este purifica y facilita el espíritu de penitencia. Entrega según la elección de Dios Cuando el alma se decide a vivir el espíritu de penitencia, se abandona en Dios y debe saber que deja la satisfacción de elegir sus propios sacrificios. Será llamada a llevar cruces diferentes de las que pudo imaginarse. No decidirá como se niega a si misma, sino que será Cristo quien decida reproducir su pasión en las realidades de su vida diaria. La verdadera penitencia es un olvido de si para buscar en todo a Dios y su voluntad.. Es una actividad constante y esencialmente positiva: "mis ojos puestos en Dios, pues él sacará mis pies del abismo"... Salmo 24,15. Para el ejercicio de la penitencia, como para el ejercicio de cualquier virtud, el alma debe ser capaz de elevarse y elegir libremente lo sobrenatural por encima de las atracciones naturales. La penitencia no solo necesita de esta elevación sino que fortalece al alma para que, en el futuro alcance volar mas alto y vencer mayores dificultades. La penitencia nos capacita para amar mas lo sobrenatural, que entonces iluminará lo que es natural, dándole el verdadero valor que Dios quiere. Así todas las cosas las podremos vivir con la mente y el corazón de Dios y con libertad.

 

La mayor renuncia es la entrega total del corazón, de la voluntad, de los deseos, de los planes, de la vida.. ¿Cuánto provecho haría al alma ayunar si no se entrega el corazón? El ayuno debe llevarnos a la pobreza interior, a la entrega total del corazón. El espíritu de penitencia es mas que decir: "Señor, te doy esto o aquello", sino más bien decir: "te doy todo y lo doy voluntariamente". Juan 10,17-18 "Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida..nadie me la quita, yo la doy voluntariamente".

 

 Cuando el alma se decide a vivir en espíritu de penitencia, se abandona en Dios de tal forma que incluso deja la satisfacción de elegir sus propios sacrificios, sabiendo que será llamada a llevar cruces diferentes de las que pudo imaginarse, que no tendrá tanto control en decidir como se niega a si misma, sino que estará abierta a permitir a Cristo, reproducir su pasión en las realidades de su vida diaria. La verdadera penitencia es un olvido de si para buscar en todo a Dios y su santa voluntad.. Es una actividad constante y esencialmente positiva: "mis ojos puestos en Dios, pues él sacará mis pies del abismo"... Salmo 24,15.

 

 Madre Adela Galindo,

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